Un edificio es un ser vivo: entiende sus señales antes de actuar
Un edificio no es solo una estructura de hormigón, acero y ladrillo. 
Es un organismo vivo que, a lo largo de su vida, sufre innumerables agresiones y cambios:
          • Fenómenos climáticos: lluvias intensas, vientos, nevadas, olas de calor.
          • Eventos sísmicos: movimientos de terreno que pueden afectar su estabilidad.
          • Exposición al sol y a la humedad: dilataciones, contracciones y erosión progresiva de los materiales.
          • Cambios de uso: modificaciones en la distribución, variación de cargas
          • Reformas y malas prácticas constructivas: intervenciones que comprometen la seguridad estructural o funcional.
          • Accidentes: incendios, inundaciones, impactos de vehículos, vandalismo.
          • Desgaste natural: envejecimiento de materiales, fatiga estructural, degradación de impermeabilizaciones.
          • Carencia de calidad constructiva : errores en el diseño constructivo, selección de materiales inapropiados, errores en ejecución 
Como cualquier organismo, un edificio experimenta un desgaste progresivo y, con el tiempo, comienzan a aparecer síntomas que pueden ser la señal de problemas más graves: una grieta, una mancha de humedad, un desprendimiento de revestimiento… signos que nos advierten de que algo no funciona bien en su interior.

El error más común: actuar sin diagnosticar
En el 95% de los casos que hemos analizado, la reacción ante un daño visible es inmediata y apresurada: se llama a un albañil para taparlo, o se compra una masilla o pintura para disimularlo. Pasado un tiempo, el daño reaparece… y el ciclo vuelve a repetirse. Sin darnos cuenta, entramos en un bucle de gastos innecesarios que no resuelven el problema, sino que solo esconden su causa real.
Esto es como si una persona con fiebre tomara únicamente un antipirético sin investigar qué enfermedad la está causando. El síntoma desaparece por un tiempo, pero la enfermedad sigue avanzando. Un edificio funciona igual: si solo tratamos los síntomas sin atacar el origen, el problema seguirá creciendo en silencio.

La clave: entender el problema antes de intervenir
Antes de hacer llamadas a constructores o comprar materiales, lo primero es contar con un equipo técnico especializado que realice un estudio detallado del origen del problema. Solo con un análisis riguroso se pueden definir estrategias eficaces para eliminar la causa raíz del daño y evitar gastos innecesarios en reparaciones superficiales que no funcionan.
Es importante entender que un informe o dictamen técnico no es un manual de ejecución de obra, sino un documento clave para comprender el estado del edificio. En él se establecen:
          • El diagnóstico: qué le sucede al edificio y por qué.
          • Las estrategias de intervención: qué líneas de acción son necesarias para corregir el problema desde su origen.
          • Las incertidumbres existentes: factores que pueden influir en la solución final.
          • Una valoración económica preliminar: una orden de magnitud de los costes que puede implicar la intervención.

Con esta información clara y precisa, se podrá planificar tanto la propia intervención como las fases de obra para poder cuestionar la situación económica personal
Un edificio bien diagnosticado es un edificio bien cuidado. No improvises. Confía en técnicos cualificados y con experiencia que sepan interpretar cada síntoma con precisión y plantear las estrategias adecuadas. 
En AZIMUT 51, somos expertos en la evaluación, diagnóstico e intervención en edificios existentes, y te ayudamos a tomar decisiones informadas para que cada intervención tenga un propósito claro y efectivo. 
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